¿Con qué problemas se encuentra el ser humano en su intento por controlar lo real?
¿Puede alguien escapar cuando no cree estar encerrado? A vueltas con el pensamiento crítico, las sociedades de control y la tecnología

Las cosas que vemos no son de por sí como las vemos…El cómo son los objetos en sí mismos, independientemente de la receptividad de nuestros sentidos, nos es completamente desconocido. Solo conocemos nuestra forma de percibirlos.
Immanuel Kant, Crítica de la razón pura
Esta reflexión de Kant podría servir para decantar buena parte de nuestra respuesta y argumentar que la subjetividad de cada persona en su relación con el entorno daría lugar a un número infinito de problemas. Evidentemente, el objetivo que abordamos aquí huye de reduccionismos, por ello profundizaremos en la cuestión sin olvidar precisamente la subjetividad, un aspecto clave desde nuestro punto de vista. Es por ello que, dado que las personas interpretamos la realidad de forma distinta y consecuentemente nos relacionamos con ella de forma diferente, cabe preguntarse si más allá de las múltiples realidades, existe una realidad común, una suerte de esfera que englobe todas las realidades.
Parece atrevido negar la existencia de esta esfera, aunque sea por el mero hecho de que vivimos en una esfera física común y en una realidad física común. Así es, todos estamos al albur de las leyes de la física y nuestra biología. Pero dejemos la visión macro y vayamos a lo micro. Es muy probable que la gran mayoría de ciudadanos del planeta hayamos dormido y comido en las últimas horas. También trabajado. Piénsese en trabajo dejando connotaciones e interpretaciones de lado. Seguramente buena parte tenga una cuenta bancaria y un dispositivo móvil. Quizá también un horario y aquellos suficientemente afortunados para vivir en condiciones que no exijan la supervivencia diaria, tendrán que cumplimentar la declaración de la renta.
Sin hacer ningún tipo de juicio de valor, parece que sí hay una realidad humana común. Esta realidad humana común no deja de ser una invención, una técnica. Su nombre es sociedad.
En nuestra opinión, la sociedad es una de las grandes invenciones de la humanidad en tanto alternativa a la violencia. Es cierto que hoy existen múltiples tipos de violencia en la sociedad, pero no podemos olvidar que los intentos por controlar lo real en las generaciones que nos han precedido se limitaban a la supervivencia. Ahora bien, ¿cómo ha evolucionado la sociedad y el papel del ser humano en esta, esto es, en la relación con su realidad? ¿Hemos sacrificado la libertad a cambio de la seguridad física? ¿Éramos realmente libres antes? El ser humano ha pasado en un tiempo relativamente corto de un mundo de servidumbres y privilegios, esto es, de sociedades de soberanía, a lo que Foucault denominó sociedades disciplinarias y su evolución posterior, las sociedades de control descritas por Deleuze. Todas tienen el control como denominador común, control entendido como una actividad mediante la que se consigue que algo o alguien se comporte de una forma determinada. Evidentemente la complejidad de controlar un aparato, una persona o a un conjunto de personas, no es la misma. Las sociedades disciplinarias se caracterizaban por sistemas de encierro independientes, distintos moldes que Foucault catalogaba en cárcel, hospital, fábrica, escuela, familia. De ahí, según Deleuze, habríamos evolucionado a las sociedades de control, un tipo de sociedad en la que el control se ejerce de forma más fluida, en espacios abiertos. Seríamos como animales en una reserva, según el filósofo francés. Los sistemas de encierro o disciplinarios han sido sustituidos por sistemas de coacción modulares e interconectados como el endeudamiento. Aunque podamos pensar en las personas como individuos, Deleuze acuño el término “divuales” para referirse a los individuos como un conjunto de datos en función de los cuales se limitará (o modulará) su vida en esa reserva o espacio abierto. Según Ordóñez, habría una variante adicional en las sociedades occidentales, el doble control. El doble control se entiende como control que ejerce un sujeto sobre sí mismo (intimidad constrictiva) y el Control (en mayúsculas), que ejerce una fuerza extrínseca sobre él. El autor sostiene que hoy en día el control externo (Control) dispone de más medios gracias a las grandes plataformas tecnológicas. En lo que al individuo se refiere y aunque defiende que se trata de una tradición que se remonta hasta la filosofía griega y concretamente el estoicismo, considera que hoy prolifera una obsesión por autolimitarse o autocontrolarse en aras de la razón y la exigencia moral.
Creemos que merece la pena añadir una característica adicional de la sociedad actual, que ahonda en esa idea del doble control y que tiene su origen en aspectos externos y mayoritariamente demográficos. De acuerdo con la situación que describimos a continuación, los espacios en los que vivimos nos limitan en sí mismos (pensemos en coste de desplazamientos, dificultad de acceso a la vivienda…) y nos llevan a autocontrolarnos, por ejemplo, en lo relativo a tener hijos. Vamos hacia un mundo de ciudades. Algunos datos. En 1800 solo el 8% de la población mundial vivía en ciudades. A comienzos del siglo XX, 16%. 1950, 30%. 2000, 47%. 2008, 50%. 2023 57%. Las perspectivas para 2030 son del 60%. En países desarrollados la población urbana alcanzará el 90% en 2050 (Puyol, 2025). La migración a la ciudad, una necesidad para buena parte la población, la aboca a la precariedad. Esto acelera el envejecimiento de nuestras sociedades ante la dificultad de tener hijos en las condiciones que ofrecen las grandes urbes. ¿A cuántos jóvenes les gustaría independizarse antes? ¿Y formar una familia?
Ante este panorama, ¿puede el individuo controlar su realidad? Si entendemos controlar la realidad como decidir sobre los distintos aspectos de su vida, parece complicado. Ya hemos anticipado los problemas que el ser humano encuentra y que principalmente se explican por limitaciones autoimpuestas y extrínsecas. Cabe preguntarse qué se puede hacer al respecto, ¿puede alguien escapar cuando no cree estar encerrado? En nuestra opinión, la principal causa de esta ceguera puede situarse en el declive del pensamiento crítico. Por el contrario, hay autores como Sinéad Murphy que consideran que el pensamiento crítico nos hace manejables, convirtiendo a la filosofía en la “disciplina de control por excelencia”. No es nuestra postura. Que el pensamiento crítico haga al individuo más empleable no le hace necesariamente más manejable. En este punto podríamos discutir sobre cómo se ha alcanzado ese declive, si podría haberse evitado y si podemos enmendar la situación. No podemos evitar pensar en la idea del sabio-ignorante recogida en “La rebelión de las masas” de Ortega y Gasset. Volvemos a la idea de esa persona que no sabe que está encerrada. Ortega defiende en su famoso ensayo que la evolución de la ciencia nos ha llevado a una sociedad de especialistas que conocen muy bien su campo, pero carecen de cultura general. En el mismo sentido y tras las grandes crisis vividas en el siglo XXI, no cabe duda de que las humanidades han pasado a un segundo lugar y han sido degradadas en el debate de la empleabilidad. Esta situación crea un tipo de ciudadano que cree tener todas las respuestas y que cree que por conocer muy bien un campo puede opinar con vehemencia sobre cualquier otra cosa.
Si a esta autolimitación que supone creerse completo le añadimos la limitación externa impuesta por las tecnologías y contenidos que consumimos hoy, la lucha parece perdida. El hombre actual, a través de su smartphone, vive virtualmente conectado, cuenta con acceso instantáneo a información y bienes, se basta a sí mismo. La llegada de la inteligencia artificial parece el broche final a los problemas de los seres humanos para controlar su realidad. Si antes teníamos que buscar entre una serie de resultados impuestos por un tercero (el buscador), ahora ni siquiera buscamos, obtenemos una respuesta (del chatbot). Esta respuesta está dotada de una fuerza moral que ha crecido alrededor de la endiosación de la tecnología y los tecnólogos. ¿Alguien puede cuestionar la respuesta de una tecnología ideada por mentes brillantes? ¿Quién podría pensar lo contrario cuando somos bombardeados a diario sobre la grandeza de los impulsores de estas iniciativas? No solo eso, a sus historias se ha añadido mística. Recordemos la salida y el triunfal regreso de Sam Altman a OpenAI.
No hay que ser agorero, ninguna tecnología es buena o mala en sí misma. No obstante, sí podemos denunciar los cambios sociales que podrían nacer de esta y que, en nuestra opinión, ahondan en los problemas para controlar lo real. Pero antes de destacar los nuevos retos planteados por la inteligencia artificial conviene recordar que la situación ya es, en nuestra opinión, lo suficientemente grave. Venimos de un Internet en el que las grandes tecnológicas, las famosas “Big Tech”, median la realidad de los usuarios a través de algoritmos que priorizan el “engagement”. La situación es la siguiente, muy pocas empresas controlan lo que consumimos y cómo lo consumimos. El día a día de los ciudadanos del planeta y la evolución de nuestra cultura, están concentrados en un número ínfimo de empresas en relación con las personas que nos vemos afectadas. Por otro lado, los incentivos de estas empresas están desalineados con los de los usuarios. La mayoría de la población no necesita consumir redes sociales durante varias horas al día y hoy por hoy no parece que esto sea beneficioso. En cambio, cuanto más tiempo estemos conectados, mejor para estas compañías. Ante este incentivo las plataformas no tienen ningún interés en controlar contenido, aunque este sea manifiestamente engañoso o busque desinformar. Este tipo de contenido, generalmente polémico, es el que más interacción genera, reteniendo a los usuarios. Aunque ha habido intentos de descentralizar el mercado de proveedores de servicios e infraestructuras digitales a través de nuevas tecnologías como blockchain, se trata de una tarea muy compleja por dos motivos: la fricción a la hora de acceder a estas nuevas soluciones y el efecto red que ofrecen las principales plataformas del mercado (uno no puede llevarse sus amigos a una red social nueva de un día para otro). Descentralización es una palabra clave en este debate y nos permite volver a la inteligencia artificial. Precisamente, por sus características, se trata de una tecnología centralizadora. No habrá miles de empresas ofreciendo modelos de lenguaje ni miles de empresas ofreciendo capacidad de cómputo, chips. Este contexto permea inevitablemente en las capas más bajas, es decir, en el usuario que utiliza la tecnología. ¿Qué capacidad de exigir o resistir tendremos si lo máximo que podemos hacer es elegir entre ChatGPT o Gemini (o sus sucedáneos futuros)? Pero cabe preguntarse, ¿por qué resistir?
Los beneficios de esta tecnología ya son espectaculares y todo apunta a que irán a más. No obstante, eso no debe hacernos complacientes. Y es que en la reflexión que hacemos hoy, anticipamos una serie de consecuencias no deseadas para el individuo y la sociedad, que ahondan en las sociedades de control anticipadas por Deleuze. La interacción con chatbots nos convierte en objetos pasivos en nuestra relación con la información, en tanto en cuanto el formato no nos invita a cuestionar, por más que se estén empezando a enlazar las respuestas con las fuentes a partir de las que están construidas.
Sin duda estas herramientas utilizadas de manera adecuadas nos ayudarán a reflexionar, pero ese uso correcto nace del pensamiento crítico, una capacidad, tal y como anticipamos, en declive. Por ello, esta tecnología, en su actual formato, ahondará en la brecha entre personas más y menos capacitadas digitalmente y también y no necesariamente relacionado con lo anterior, ahondará en la brecha entre aquellos con menos y más recursos. Como nota positiva destacaríamos que buena parte de la sociedad es consciente de que la tecnología ya no es solo un medio, sino un campo de batalla en la lucha de las personas por controlar su realidad. Quién sabe, quizá la explosión de información que nos espera ante la reducción del coste de producirla gracias a la inteligencia artificial nos empuje a huir de la realidad digital, buscando un descanso. Quizá estos descansos sean lo suficientemente largos como para reconectarnos con lo offline, aunque esto suene a todas luces a oxímoron. Quizá, en ese espacio, podamos rearmarnos.
Este ensayo se terminó de elaborar en mayo de 2025 para la asignatura Sociedades de control: ética, política, ontología, en el marco del Máster en Filosofía Teórica y Práctica de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).
Referencias
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https://ia.samaltman.com/
· Bogost, I. (2024). Universities Have a Computer-Science Problem. The Atlantic. Disponible en: https://www.theatlantic.com/technology/archive/2024/03/computing-college-cs-majors/677792/
· Blumenberg, H. (2003). Trabajo sobre el mito (pp. 11-22) [Extracto]. Paidós.
· Damasio, A. (2024). Vallée du silicium (pp. 9-30) [Extracto]. Éditions du Seuil.
· Deleuze, G. (2006). Post-scriptum sobre las sociedades de control. Polis, Revista Latinoamericana, 13. Disponible en: https://journals.openedition.org/polis/5509 (Publicado originalmente en 1990)
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· Hidalgo-Barquero, F.J. (2024). ¿Son ciudadanos los analfabetos digitales? Substack. El blog de Fran Hidalgo-Barquero. Disponible en: https://franhbj.substack.com/p/son-ciudadanos-los-analfabetos-digitales
· Hidalgo-Barquero, F.J. (2024). Por un nuevo Internet. Substack. El blog de Fran Hidalgo-Barquero. Disponible en: https://franhbj.substack.com/p/por-un-nuevo-internet
· Murphy, S. (2017). Zombie University: Thinking Under Control [Extractos de varias páginas]. Repeater Books.
· Ordóñez, V. (2025). Alcohólatras: Ebriedad, idiocia, control (pp. 87-102 del manuscrito) [Extracto]. Altamarea.
· Pérez, G. R. (2025). Un estudio estima que la inteligencia artificial elevará la productividad en Europa hasta un 0,6%. EL PAÍS. Disponible en: https://elpais.com/economia/2025-02-26/un-estudio-estima-que-la-inteligencia-artificial-elevara-la-productividad-en-europa-hasta-un-06.html
· Puyol, R. (2025). ¿Un mundo sin personas? El nuevo escenario de la demografía global. Almuzara.

